Cuando me monto en cualquier tipo de transporte público suelo dar por hecho que el conductor sabe el camino. Ingenua de mí, aquí las cosas funcionan a otro ritmo. El domingo pasado, tras una visita a la isla contigua, me subí al autobús que me debía llevar de Dublín a mi pueblo. Cuando el conductor le preguntó a una chica que iba delante de mí si sabía el camino a casa, pensé que estaba intentando ligar con ella. Ingenua de mí, me senté en la primera fila de asientos, y cuando el conductor me preguntó si cogía mucho ese autobús, le dije que no, y así creí por un momento que lo había cortado. Pero es que en realidad, el conductor no tenía ni idea de la ruta, así que siguió preguntando hasta que un chaval en la otra fila de asientos (un poco lelo, podríamos decir) dijo que tranqui, que él sabía cómo se iba. Todos tan contentos, nos dispusimos a salir de la ciudad bajo la lluvia. Llevaríamos una media hora de camino cuando al conductor se le hizo la picha un lío y se confundió de rotonda. Entonces, le preguntó al "listo" que se suponía sabía el camino. "Todo recto" dijo, y aparecimos en el aparcamiento de un supermercado. ¡Ala, a maniobrar para sacar el autobús mientras la gente espera nuestra llegada en sus paradas! (nótese que aquí, a pesar de lo que llueve, las marquesinas brillan por su ausencia, con un poste colorao en el suelo van que chutan). Total, que vista la eficacia del idiota que se sabía la ruta, el conductor llamó por teléfono a alguien para que le diera explicaciones de: 1) cómo salir de ese aparcamiento y 2) cómo encarrilarnos de nuevo por nuestro camino. El caso es que el panorama estaba canalla, era difícil describir dónde estábamos, no había gran cosa que resaltara (a todo esto, el conductor seguía por el móvil, claro) así que íbamos a trompicones. Y cuando ya se aclaró el pobre hombre, su interlocutor le dio demasiadas direcciones seguidas, y en vez de colgar y seguirlas, siguió al teléfono para asegurarse que no nos perdíamos. En ese momento, el señor al otro lado del teléfono adquirió más autoridad que cualquier semáforo en rojo o señal de tráfico que nos pudiésemos encontrar. No hay que olvidar que la conferencia seguía su curso y aquí estamos todos "in recesion". Al final, gracias a un voluntario anónimo que surgió de la parte de atrás del autobús, llegamos a nuestros destinos sanos y salvos. De hecho, incluso llegamos a tiempo. ¿Cómo es que los autobuses irlandeses siempre van tarde y el otro día, con pérdida incluida, llegamos bien de tiempo? Oh, yes, a pint please!
viernes, 30 de enero de 2009
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