
El viernes vimos a la Macu. La vimos por casualidad, apareció sola en el bar en el que estábamos. Pero la Macu tenía un plan. Físicamente no es muy agraciada y ni el estilismo ni la postura adoptada le favorecían. Pero la Macu tenía un plan. Se sentó con su camiseta de rayas en una banqueta y aparecieron más michelines de los que nunca había visto juntos. Las piernas abiertas y las manos en las rodillas acabaron con la poca femineidad con la que contaba hasta ese momento. Desde su taburete, oteó el horizonte y no pareció encontrar nada de su gusto (o más bien, nadie a quien pudiera gustar). Pero la Macu no se rindió. Volvió a mirar y parece que encontró algo (o se la jugó directamente). Sin dudarlo un momento, se bajó de la banqueta y, aunque en un principio parecía que iba a dar la vuelta de rigor por el garito, la Macu se dirigió hacia su objetivo. A los pocos minutos (dudo mucho de que hubiéramos cambiado de canción) volvió a la banqueta, esta vez acompañada. No duró ni unos segundos allí, supongo que porque en realidad no le importaba el asiento en sí sino más bien enseñarnos a su Luisma particular. Nos miramos los unos a los otros. No dijimos nada. Y, al rato, nos fuimos a casa solos, no como la Macu.
2 comentarios:
jeje solo nos queda observar y aprender.....
todos vimos la jugada infalible!
Pues yo vi a la Macu en su hábitat natural, en el plató de Aída, y junto a Paz, era las más simpática de todos los que había allí. ¡Viva la Macu!
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